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Psico-Inter-Apuntes

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CONSTRUCCION SOCIAL DEL GENERO
Ernesto Padilla González
Estudiante de la Prof. Bernice Tapia
Curso: Psicología Comunitaria


Desde nuestra infancia nuestros padres se han encargado de enseñarnos las normas y conductas que deben seguir un niño y una niña. Detrás de cada grito y llanto que salía de un niño que experimentaba algún tipo de dolor, lo seguía el muy popular regaño: los nenes no son los que lloran. En el caso de las niñas, los padres se encargaban de comprarle aquellos juguetes que eran adecuados para ellas, como los famosos equipos de cocina, las escobas con su recogedor, e incluso los muy solicitados equipos de maquillaje para que no descuiden su apariencia.

Ahora bien, ¿qué es lo que estamos reprochando de estas enseñanzas por parte de nuestros padres? Es acaso un mal el que una niña juegue a la cocinita o que se maquille. Es acaso una falta moral el que un padre trate de enseñarle a su hijo un poco de valor en medio de de situaciones difíciles. No, esto no tiene nada de malo.Lo que sí está mal es cuando se le diga a un niño que no exprese sus emociones, simplemente por que no es algo que deba practicar un hombre; lo malo está en programar a una niña a pensar que está destinada a servirle a otros, o que su apariencia es lo más importante en una mujer.

La realidad de esta situación es que a la misma vez que nuestros padres y nuestras madres desean educar a sus hijos e hijas, no son ellos quienes deciden el comportamiento adecuado que deben exhibir los futuros hombres y las futuras mujeres de la sociedad; más bien, es la misma sociedad la que decide cuales deben ser las cualidades y los deberes que deben poseer y ejercer tanto los hombres y las mujeres dentro de la sociedad. Lo vemos todos los días en los medios de comunicación, en muchos hogares, e incluso en el mismo lenguaje que utilizamos. Vemos cómo es que se ha limitado el papel que desempeñan tanto el hombre como la mujer dentro del contexto social, lo que ha provocado una desigualdad social entre el valor y desempeño de ambos géneros por igual, pero siendo el género femenino el que más se ve afectado, teniendo que someterse a la voluntad del género masculino.

Para poder ejemplificar esta situación, vamos a retomar uno de los aspectos en donde más se ve esta desigualdad social entre los géneros, en el lenguaje. El lenguaje es un fuerte determinante de la posición de los géneros en nuestra sociedad, ya que establece la relación que existe entre hombre y mujer. El lenguaje en nuestra sociedad gira alrededor de las ideas y conceptos asociados con el hombre, por lo que existe una discriminación sexista en el mismo. Cuando nos referimos a el sexismo en el lenguaje estamos hablando de la incorporación del género femenino al género masculino de forma general, por ejemplo, lo vemos cuando se habla de la humanidad de forma colectiva, donde se le refiere como el hombre buscando incluir ambos géneros; lo vemos también cuando se habla de la familia, donde se le refiere por el apellido del hombre a el conjunto familiar. De igual forma, existen muchos otros ejemplos donde se observa el sexismo lingüistico, sin embargo, el hecho más lamentable que surge en el lenguaje sexista es cuando se usa para menospreciar, degradar, insultar y desvalorar a la mujer.

El hombre cree que el lenguaje es una forma de arte creada por él y para él, por esto decide utilizarlo para su conveniencia. El género masculino cree que se le ha dado autoridad sobre el género femenino, por lo que ha creado una forma de expresión bajo la cual establece su superioridad y la inferioridad de la mujer. El hombre se refiere a la mujer usando expresiones que buscan limitarla a meros objetos que deben ser poseídos y controlados por el hombre.A la mujer se le refiere usando palabras menospreciantes como cueras y perras, queriendo destacar que aunque son mujeres de hermoso semblante, seguirán siendo objetos destinados a ser poseídos por estos; incluso, muchos jóvenes han inventado conceptospara referirse a las mujeres. Estos conceptos no tienen ni siquiera una definición concreta, son sólo palabras inventadas; se refieren a ellas como girlas o girlies, conceptos que resaltan, ya sea a través de la música u otros métodos, el interés sexual por las mismas.

Claramente, el lenguaje está vinculado estrechamente a los deseos y aspiraciones sexuales del hombre hacia la mujer, concepto que se le denomina como falocentrismo, que a su vez representa la relación cultural que existe entre la sexualidad o placer masculino con la autoridad y el poder. Hoy día tenemos programas de televisión, programas radiales, libros, revistas y muchos otros medios a través de los cuales se pretende resaltar la sexualidad masculina. Como resultado, hemos creado una sociedad que plantea la satisfacción de los deseos sexuales de los hombres. Tenemos periódicos que buscan llamar la atención del hombre, quizás su más grande consumidor, a través de fotos de mujeres cuya belleza es tan impactante que garantiza la venta inmediata de dicha publicación; por otro lado tenemos programas, desde radiales hasta televisivos, con ningún valor cultural ni moral que apoyan la contínua degradación del género masculino alimentándole de toda inmundicia y basura que garantizará que el programa continúe su programación sin tener que preocuparse por la falta de atención y de interés que demuestran otros programas.

Creo que uno de los aspectos más inquietantes de dicha situación es el hecho de que muchas mujeres han sido programadas para pensar que el exhibir sus hermosas figuras es lo correcto, y encuentran la atención que reciben, por parte de muchos hombres, como algo alagador y de aprovecharse sin pensar en las consecuencias que eso le puede traer, no sólo a ellas, sino a toda mujer que desee ser respetada por su valor como persona y no como objeto de placer.  El hombre ha llegado a un grado en el que piensa que está en una posición que le da máxima autoridad sobre la mujer, lo que le va a permitir satisfacer sus necesidades sexuales sin tener que preocuparse por las consecuencias que puede traer ese acto. Esto lo vemos entre muchos hombres casados, que sienten estar en la disposición de buscar relaciones fuera de su matrimonio. En la película De qué se ríen las mujeres, podemos observar un buen ejemplo de lo que surge entre estas relaciones extramaritales. En la película se dio el caso donde el amante de una de las personajes principales de la película acude a esta ante la desgracia que se le presenta cuando su esposa lo engaña con otro hombre. Resulta que el hecho de que su esposa lo engañe a él es algo malo y la hace ver a ella como la ruin y perversa por hacerlo, mientras que él no debe ninguna explicación pues su posición le otorga el privilegio de poder estar con otra mujer que no sea su esposa.

A raíz de todo esto, entiendo que el problema que más afecta al género femenino, como se presenta en el artículo de Las dos varas por Isamari Castrodad, es la lucha contra el machismo discriminante, que busca atropellar al género femenino.El sentido machista es practicado tanto por hombres como por mujeres. Estos y estas no reconocen los sacrificios que tienen que hacer muchas mujeres para sobresalir y destacarse en la sociedad. La ignorancia detrás del pensamiento machista es que la mujer no está cualificada para desarrollar la misma calidad de trabajo que un hombre hace, para defender su propuesta, utilizan excusas sin sentido alguno como los atributos físicos de la mujer y su capacidad intelectual. Sin embargo, el daño más grande del machismo proviene de las mismas mujeres que lamentablemente no ayudan a el progreso del género. Un punto bien interesante que señala Isamari Castrodad, autora de la lectura Las dos varas, es que advierte contra los extremos. Señala la autora que el pretender un feminismo que atropelle a todo lo que de alguna forma responda a la especie masculina es parte de ese extremo desenfrenado; eso no resuelve el problema tal vez lo duplica.

Creo que ha sido de mucha importancia el que se haya desarrollado en muchas ocasiones un feminismo intensificado, pues eso representa la unión del género. Sin embargo, creo que es esencial el que no se repita la misma conducta que exhibe el grupo machiste, pues creo que podrían alcanzar mucho si se mantienen alejadas de ese tipo de pensamiento. La construcción del género comienza en el hogar, pero esta formación de ambos géneros está atada a los valores y condiciones que la sociedad le otorga a cada uno. Con el tiempo hemos visto como el género masculino se ha querido proclamar por encima del género femenino simplmente por que no ha querido reconocer su igualdad. A pesar de esto, hay que reconocer que en los pasados años hemos visto como el papel de la mujer se ha venido transformando, y aunque todavía enfrenta muchos obstáculos que pretenden menospreciar su labor, ha adquirido numerosas victorias en esa batalla por los derechos de igualdad.

Un buen ejemplo de esto es el caso del Puerto Rico actual, donde finalmente la mujer ha logrado romper las barreras de la igualdad y se consigue la primera mujer electa a Gobernadora de Puerto Rico. Creo que esto es una buena señal de la mentalidad dl puertorriqueño de hoy, que reconoce la igualdad de la mujer. Todavía hay que corregir muchos problemas con relación a la imaen de la mujer, que todavía es vista como un objeto sexual que es para el deleite del hombre, por lo que es importante que se siga la lucha por la igualdad. Esta lucha hay que comenzarla en los hogares, en la educación de los niños y niñas que en algún momento serán los herederos de nuestra sociedad, solo así podremos corregir los males que han limitado el progreso de nuestra sociedad.

GENERO Y LENGUAJE
Estudiante Wilma A. Aponte
Sometido a curso Psicología Comunitaria
de la Prof. Bernice Tapia
 

La categoría género se refiere a las diferencias socialmente contruídas entre hombres y mujeres y a las relaciones desiguales de poder que de entre ellas resultan. Estas diferencias entre hombres y mujeres no son el producto de las diferencias biológicas entre los sexos, el término incorpora otro tipo de desigualdades basadas en condiciones étnicas, de raza, edad, discapacidad, etc., en tanto estas desigualdades evidencia situaciones específicas de discriminación para las mujeres y privilegios para los hombres.
La argumentación teórica que implicó el concepto de género hizo avanzar las reflexiones en las posiciones que ocupaban las mujeres en la sociedad. Este concepto trajo la necesidad de comprender lo femenino en relación a lo masculino y viceversa. Esta relación podrá ser de igualdad, complementariedad o desigualdad según las jerarquías sociales. Además, abrió una brecha para que surgieran nuevas teorías en el campo de estudio sobre lo femenino y lo masculino. He aquí que emerge la vertiente de la construcción social del género la cual enfatiza que es preciso conocer qué es lo que las mujeres y los hombres hacen en la sociedad en que se desenvuelven y cómo ese hacer determina su posición en la estructura social.
El término género en inglés apunta directamente a los sexos, sin embargo en castellano se refiere a la clase a la que pertenecen las personas o las cosas. Hablar de género y no de mujer puede encubrir las desigualdades entre hombres y mujeres y poner las relaciones asimétricas en un plano de neutralidad.

En esta construcción social del género interviene un elemento importante, el lenguaje como medio por el cual internalizamos la realidad social. Otto Maduro nos señala en su artículo El lenguaje instrumento de construcción social del mundo, la importancia del lenguaje; es el medio por el cual adquirimos el conocimiento del mundo. Cada cultura mira y construye el mundo a través del lenguaje y por su medio efectúa el proceso de control y dominio del mundo. Menciona además, que el lenguaje es el primer instrumento de conocimiento, a través de las palabras de los demás y de las nuestras propias es que primero conocemos el mundo. Muchos de nuestros conocimientos son adquiridos por la experiencia comunicada. El lenguaje es el medio por el cual nos desenvolvemos y realizamos los procesos de comprender, reflexionar, difundir y discutir los conocimientos que adquirimos. También nos posibilita la manera en que miramos las cosas, las organizamos y las construimos. Mediante el lenguaje ocurre un proceso de socialización.

Debido a la importancia del lenguaje es que surgen las relaciones de poder entre las personas y las comunidades. Por medio del idioma las distintas culturas organizan y construyen su realidad diferente a las demás. De alguna forma el lenguaje marca las posibilidades e inclinaciones para conocer o transformar nuestra realidad. Como consecuencia de su importancia en la construcción o transformación de la realidad surgen las políticas lingüísticas que son utilizadas como instrumento de dominio y poder para así controlar a los grupos menos privilegiados. Controlar el lenguaje es uno de los más eficaces instrumentos para dominar a una clase en particular. Estas políticas lingüísticas ayudan a corregir, descalificar, y ridiculizar los usos populares del lenguaje apoyando así la idea de superioridad de una clase sobre la otra.
Como mecanismo de dominación existen diferentes formas de comunicación en silencio, lograda mediante la represión, la propaganda y la recompensa. Estas formas son las siguientes:
1. silencio cómplice - de los que se callan lo que conocen por las
recompensas del silencio o por temor a las consecuencias de hablar

2. silencio impuesto - se produce mediante el cierre de los medios de
comunicación, el encarcelamiento o la eliminación física de las personas

3. silencio sumiso - es aquél de quien cree más en la palabra de los
poderosos que en la de sus iguales o en su propia experiencia

Existen otras formas de comunicación en silencio, como por ejemplo:

1. silencio del escucha - donde la persona que escucha en silencio
está en sintonía con la otra ya sea verbal o no

2. silencio de contemplación - la capacidad de estar en sintonía con
elementos espirituales, de la naturaleza, de valor, o de la vida misma

3. silencio aparentemente sumiso - se da cuando no se esta de acuerdo
con lo que se dice pero no se contradice

4. silencio glacial - se utiliza el lenguaje corporal para demostrar
desaprobación, envuelve agresividad y un desafio no verbal

5. silencio deliberado - se da cuando deliberadamente se guarda
silencio porque no queda otra alternativa

6. silencio táctico - cuando se prefiere callar por las consecuencias
que podría tener el hablar.


Sin embargo, si nos relacionamos pasiva y sumisamente con el conocimiento y el lenguaje ya existente sería muy difícil contribuir a transformar nuestra realidad más allá de un marco de valores dominantes en nuestra sociedad. Por medio del lenguaje se expresan y se consolidan de forma inconsciente las relaciones de dominación que caracterizan a nuestra sociedad. El lenguaje y las palabras son una creación humana con una significación cultural, la cual no necesariamente tiene una sola acepción. El lenguaje esta organizado en forma binaria, donde no sólo se encuentran incluídos los sexos sino que quizás haya sido la partición patriarcal de los mismos el origen o punto de partida de dicha binariedad. Bajo la forma del lenguaje bipolar o binario todo se catalogado como masculino-femenino, positivo-negativo y superior-inferior, etc.
Cuando utilizamos la categoría género hablando de masculino-femenino estamos utilizando una categoría bipolar. La división cultural del mundo para que existan dos extremos da lugar a todo un sistema de representaciones que continuamente confirma y refuerza dicha división. Al estar instalado este sistema de representaciones en la sociedad los dos sexos se impregnan mentalmente por igual del mismo. El lenguaje determina el lugar de la mujer en la sociedad, la invisibiliza y la educa para vivir en un mundo patriarcal. A la misma vez este patriarcado sitúa al hombre en una posición de dominio, privilegio y control frente a las mujeres. También refleja cuál es la relación entre los sexos y determina la posición de la mujer en esa relación aunque existen sus variaciones entre una cultura y otra.

En los procesos de socialización se encuadran de alguna forma los roles que deben distinguir el género femenino del masculino. Este proceso de socialización comienza desde pequeños en los seres humanos. Es de preferencia que el primer hijo sea un varón, esto se debe según lo explica Sau en su artículo La niña: el aprendizaje de la feminidad, a que tenemos una organización del mundo en masculino a la cual llamamos patriarcal y la que implica que el mundo es de y para los hombres. Las mujeres son vistas como el medio para cumplir con esa reproducción que perpetua el patriarcado. El hombre por otro lado, se ve obligado a tener descendencia para que trascienda el apellido de generación en generación. En algunas culturas a ese primer varón se le asigna el título de heredero de los bienes, los títulos de nobleza, los privilegios, etc. Se cree que el varón debe establecer la pauta de comportamiento a los demás. Si esta pauta fuera femenina y debido a que es al hombre a quien debe de pertenecer el mando esto pondría en peligro la masculinidad de ese hombre o de los demás hermanos masculinos menores. En caso de tener sólo una pareja de hijos esta sería la representación símbolica de las relaciones de poder entre los sexos. Según Sau, en la lógica patriarcal no es razonable que el oprimido tenga ya un lugar cuando aparece el opresor y por lo tanto lo deseable es todo lo contrario.

Retomando esa importancia del lenguaje en la construcción social del género, Sau indica que los primeros estímulos verbales son los dados al ser humano por vía femenina, o sea de la madre, aunque no necesariamente coincida con la lengua que hablará más adelante este individuo. Es a través de la propia lengua materna que las niñas y los niños internalzan los primeros estereotipos acerca de su sexo. Mientras a las niñas se las califica de bonitas, graciosas, sensibles, los varones son calificados de fuertes, grandes, e inteligentes. Estos estímulos verbales reproducen estereotipos de género y los van preparando para los roles que de ellos y ellas se van a esperar en la sociedad. Tal como lo indica Sau, el aprendizaje escolar esta penetrado en su totalidad por la dicotomia sexual y la jerarquización de las diferencias de género dominante y dominada. En los libros de lecturas escolares, el lenguaje que se utiliza y en las representaciones se reproducen las tareas que están asignadas socialmente a cada sexo. Otro ejemplo es que a los niños se les permite mostrar sus genitales y en ocasiones es motivo de conversación y de comparación, mientras que a las niñas no y deben de estar siempre cubiertas como si su sexo fuera motivo de verguenza. En el constructo social del género el lenguaje juega un papel importante definiendo la masculinidad y en términos lingüísticos esa masculinidad esta centrada en los genitales. Sobre este particular, Rafael Ramírez en su artículo Nosotros los boricuas argumenta sobre la construcción de la masculinidad en Puerto Rico partiendo de los elementos compartidos por los puertorriqueños, como la sexualidad, su materialización en la genitalidad y el poder, así como los privilegios y estrechez asociados con la masculinidad.


En Puerto Rico se destaca esa sexualidad cuando se habla de la masculinidad, el macho debe ser o por lo menos parecerlo y presentarse como una persona que disfruta de su sexualidad y más aún hacer alarde de ella y sentirse orgulloso de la misma. La expectativa social o presión sicológica es que el hombre debe satisfacer a la mujer, porque ella está hecha para el disfrute, la conquista y la posesión del hombre. Sin embargo, esta satisfacción sexual esta definida en términos masculinos y es el hombre quien lleva el poder, e impone las reglas sexuales del acto y por lo regular estas van dirigidas a satisfacer al hombre. Cuando la mujer rechaza el acercamiento sexual del hombre es devaluada, tratada mal y en muchas ocasiones utilizada la violencia para someterla y dominarla. La sexualidad esta orientada a la penetración, a la culminación de un orgasmo y a la eyaculación por lo que constituye una presión social para el hombre. Para realizar el acto el hombre se debe concentrar y estar en control total de la situación viéndose sometido a mucha ansiedad y tensión, volviéndose en ocasiones violentos y agresivos al no poder cumplir con las expectativas que la sociedad tiene de lo que ser un macho.  Ramírez explica que el falocentrismo significa un código cultural el cual es representado por el falo o un pene erecto simbolizando el poder masculino y que aunque estos cultos fálicos fueron erradicados por el cristianismo este simbolismo no ha desaparecido de la mentalidad masculina. En muchas sociedades se utiliza el lenguaje para denotar este poder; por ejemplo, la clave o la clavada, se usa como símbolo de poder y de fuerza y si analizamos la palabra o el discurso significa violencia, poder y dominio sobre la mujer. Este verbo también se utiliza para rebajar, denigrar y devaluar al hombre. Lo describe como dominado y sometido al no cumplir con el rol que le impone la sociedad.  En el lenguaje boricua tanto el pene como los testículos están presentes influenciando la construcción de la masculinidad mientras que los genitales femeninos son sólo objetos de placer, devaluando así a la mujer. Si un hombre se rasca o acaricia los genitales en público se considera que esta destacando su masculinidad. Las emociones también son materializadas en los testículos, cuando quieren denotar poder, coraje o sentirse ofendidos el hombre utiliza el lenguaje vulgar para demostrar su masculinidad y dice estoy encojonado o me importa un cojón. Este lenguaje de hombre es construído por ellos y mayormente lo utiliza con otros hombres aunque se dan sus excepciones y también es dirigido a las mujeres, además, se suscita en situaciones de confianza. Existen muchas palabras que son utilizadas para insultar y en ellas se encuentran a nivel lingüístico la relación de poder de la masculinidad. Ramírez añade que como parte del proceso de construcción cultural de la subjetividad masculina donde se materializa la sexualidad y el poder en la masculinidad, el macho valoriza su pene por su tamaño creándose con ello gran ansiedad y frustración. Aún dentro de los grupos homosexuales se encuentra esta construcción de la masculinidad.

Una función fisiológica, como el orinar, es un acto cargado de simbolismo que denota poder. En la historia han ocurrido sucesos en relación a esto, tal como lo mencionó Ramírez, en el caso del Cerro Maravilla, donde luego de ser asesinados dos jóvenes independentistas uno de los policías asesinos le orinó encima a uno de ellos como un símbolo de poder y de devaluación.
La sociedad exige esa afirmación de masculinidad en el hombre constantemente. Una de esas exigencias de nuestra sociedad es que el hombre sea el proveedor de su familia, y aunque las leyes hayan sido modificadas para que esto cambie, se hace responsable al hombre y al no cumplir con esta exigencia no esta cumpliendo con su masculinidad. La mujer incorporándose a los campos profesionales que antes estaban considerados masculinos se ha convertido también en proveedora del hogar al mismo nivel que el hombre, concordando con la aceptación de proposiciones que expresan la igualdad entre los géneros. Muchos hombres se sienten devaluados en su masculinidad cuando la mujer esta mejor preparada profesionalmente y genera mayores ingresos que ellos. Existen estudios que demuestran que todavía prevalece la distinción entre los trabajos que realizan los hombres y las mujeres, diferencias en salarios, en poder decisional y en el tipo de puestos profesionales que se ocupan; por lo tanto el que el hombre aún sea el jefe y proveedor de familia denota poder en el ámbito doméstico y en la sociedad. Es considerado exitoso el hombre que logra mantener los estilos de vida de la sociedad por lo que es un factor de ansiedad más con el que debe lidiar ya que la fuerza, la valentía y el control de la situación son requisitos de la masculinidad.

El hombre además de poseer, conservar y demostrar todos los atributos que le impone la sociedad para su masculinidad se encuentra con la presion de velar y evitar que la mujer le sea infiel para no caer en la categoría de cornudo o cabrón. Ser un hombre de respeto, respetar y ser respetado es un requisito de la masculinidad, este valor es intrínseco al sujeto inserto en un sistema estructurado a base de igualdad, con una existencia de una jerarquía social y de poder. Es por esto y muchas cosas más que para el hombre el cumplir con la existencia de la masculidad es una tarea ardua y en ocasiones casí imposible. Los que se mantienen en constante lucha son considerados campeones y los que simplemente no, perdedores, constituyendo otro constructo social. Toda esta construcción de la masculidad trae como consecuencia agresividad y violencia y esta agresividad es considerada que corrresponde a una construcción cultural. Pero no se puede generalizar, no todos los hombres son agresivos al igual que no todas las mujeres son pasivas, incluso hay mujeres que pueden ser más agresivas que algunos hombres. La agresividad no esta encuadrada necesariamente en un daño físico sino más bien en control, se puede ser agresivo sin haber recurrido a la violencia. La violencia hay que catalogarla como una acción que provoca daño físico o emocional y se utiliza para destruir o para castigar al objeto al cual se dirige.

Cuando reflexionamos en relación a los planteamientos de Ramírez en su artículo y a la película De qué se ríen las mujeres encontramos elementos similares de las diferencias que existen entre los roles femeninos y los masculinos en los personajes. En esta película los hombres pueden ser infieles, denigrar a la mujer, son considerados los proveedores y los que tienen el poder y el dominio sobre las mujeres. El tema de la infidelidad se presenta como característica masculina y por el contrario a la mujer se presenta como mujer de un sólo hombre, tanto así que la protagonista no podía vivir desligada de la presencia masculina de su esposo muerto, aún cuando se entera del hecho de que le había sido infiel con otras mujeres. La mujer siente culpabilidad por la indifelidad del marido, idealiza su matrimonio como mecanismo de defensa, y cree natural el haber vivido a la sombra del hombre. Esto obviamente es un asunto cultural muy arraigado en la mujer habiéndo sido socializada para ser mujer de un sólo hombre, además es un hecho psicológico que la mujer vive ligada a la pérdida de su virginidad. La mujer esta condicionada para complacer y sentirse feliz de haber encontrado al hombre ideal. Otro de los casos que representa el elemento infidelidad en la película es del hombre casado que es infiel pero que no puede aceptar que le sean infiel. Se siente que fue humillado socialmente y que su masculinidad ha sido devaluada. En la película al igual que lo que menciona Ramírez en su artículo, el hombre reafirma su masculinidad siendo un mujeriego, osado y agresivo. No puede evitar ser infiel pero desea mantener su matrimonio con la madre de sus hijos, claro está, teniendo una amante para su disfrute sexual. El personaje del abuelo, casado cuatro veces con mujeres más jóvenes y todas ellas habían sido comprensivas y buenas esposas, palabras que tienen la connotación de pasivas. El abuelo decide que tenía que comenzar a enseñarle al nieto a definir su masculinidad, encuadrada ésta en el aspecto sexual. Pensaba que al pasar demasiado tiempo con sus tías y su madre lo estaba perjudicando, sin embargo el nieto ya estaba definido sexualmente.


Uno de los problemas que encuentra la protagonista cuando trata de reproducir el rol de su esposo muerto y comienza a salir es que se percata por primera vez que los hombres sólo saben hablar de sí mismos, hablan de un sólo tema y no saben escuchar, aún así ella vuelve a tener una relación que aunque no es lo que ella pensaba, decide aceptarla y continuar en su rol femenino. Estas mujeres debido a la socialización a la cual han sido criadas viven en un mundo machista. Según el artículo Las dos varas, escrito por Isamari Castrodad, existe una regla no escrita que establece que la mujer tiene que probarse doble. La mujer encuentra que su propio género conspira contra su capacidad y tiene que evidenciar mas allá de toda duda razonable que puede y que esta capacitada para realizar las mismas cosas que el género masculino. Las mujeres son socializadas desde la niñez a vivir en un mundo patriarcal y que el hombre sea el centro de su vida
El hombre puede ser exitoso por sus propios méritos sin embargo, la mujer tiene que esforzarse más en demostrar que también puede ser exitosa por sus propios méritos y que los logros alcanzados no son producto de ser mujer. Al hombre de éxito se le halaga y retribuye mientras que la mujer exitosa por lo regular tiene que atenerse al prejuicio y al cuestionamiento de cómo fue que obtuvo ese éxito. Los seres humanos son socializados para que crean que el hombre tiene que ser fuerte, la mujer débil, y que el hombre inhibe sus emociones mientras que la mujer no.

La sociedad ha construído un doble parámetro con el cual mide a la mujer y al hombre. En ocasiones es la propia mujer quien reproduce las expectativas de lo que significa la masculinidad, atentando así contra su propio género. Han surgido muchos movimientos feministas reclamando los derechos de la mujer pero hay que tener precaución con los extremos, porque estos muchas veces resultan peligrosos. Tal como lo menciona el artículo de Castrodad, el género, la naturaleza de haber nacido hombre o mujer, no debería limitar bajo ninguna circunstancia la capacidad académica, creadora, ni intelectual, así como el desarrollo profesional ni personal de cualquier ser humano.  A través de esta reflexión hemos mencionado cómo el lenguaje es un factor que posee mucha influencia en la construcción social del género desde nuestro nacimiento por ser el primer instrumento por el cual conocemos el mundo donde nos desenvolvemos. Tanto el género masculino como el femenino ha sido socializado para asumir unos roles en particular. El rol masculino es de control y de dominio sobre el femenino, mientras que a su vez el femenio asume un rol pasivo. Las mismas mujeres deben ser cuidadosas de no reproducir las expectativas sociales de lo que significa ser un hombre. Sabemos que las mujeres han tenido que presentar una lucha para lograr la igualdad, pero muchas veces en ese camino han olvidado que dentro de un mismo género existe la diversidad. Para no excluir esa diversidad dentro de la sociedad, definitivamente debemos dejar a un lado esos conceptos erronéos de lo que es masculino o femenino, y centrarnos en el respeto mutuo y aceptar la diversidad.

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